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Miki GonzálezSegún pasan los años: de surfer a guitarrista, de Eric Clapton a Fatboy Slim, del ska al landó. Irreverente y camaleónico, no ha temido nunca terminar noviazgos musicales por una nueva aventura sonora.

Si vivir de la música ya es de por sí un reto elogiable, arriesgarse a hacerlo escuchándose más a uno mismo que al mercado es una apuesta que tiene doble mérito. Lo sabe como pocos Miki González, aunque fiel a su estilo, prefiere restarle importancia a los calificativos y seguir concentrado en su música.

Hace poco lo entrevistó la CNN a raíz de su último disco, Landó por Bulerías, y pocos años atrás apareció en la revista Rolling Stone. Pero a él le brillan más los ojos cuando el oyente de a pie se le acerca en la calle o en un restaurante y, sin saber bien cómo expresarlo, le hace saber con gestos de satisfacción que su música lo transportó a un estado difícil de describir. Algo que el músico llama “magia”, el gran fin de su carrera artística.

MIKI A LOS 20’S
Nacido en España en 1952, el regreso a su tierra natal, aún de joven, implicó un cambio sustancial en su vida. Ya que en Madrid no hay playas, el surf –su entonces gran pasión- debió ceder ante las seis cuerdas. “Como no había tabla, me expresaba con la guitarra”.

Su segundo amor, el blues, sucumbió ante una realidad que nuevamente le cambió el panorama por completo. “Cuando descubrí que no era música inglesa, sino de los afroamericanos, entonces entendí que para hacer lo que ellos hacían debía escuchar a los músicos negros”.

De ahí a que sus épocas veinteañeras estuvieran inundadas de jazz. Incluso, entre 1979 y 1982 estudió composición y arreglos en este género en el Berkley College of Music. Ya nuevamente en el Perú, empezó su carrera fusionando jazz y sonidos afroperuanos. En aquella aventura, entre otros, lo acompañó el maestro de la percusión Álex Acuña. Por esa época grabó “Hermelinda en Luna Llena”, gran retrato de esa época. Eran los cimientos que anunciaban el festín de mezclas que serían sus trabajos.

MIKI A LOS 30’S
Su primer trabajo discográfico se titulaba “Puedes ser tú” (1986), que aunque evidentemente tiene una predominancia rockera, ya juntaba la guitarra y bajo eléctricos con el cajón. La presencia de lo andino destaca con “Chapi García”, cuyos coros fueron grabados por -nada menos– que Andrés Calamaro y Charly García. Un trío de antología.

Con “Tantas veces”) (1987) apostó más por el rock. Entre ambos discos, y luego el “Nunca les creí” (1989) –ayudado en las grabaciones por músicos como ‘Pelo’ Madueño y ‘Wicho’ García– dio vida a recordados temas como “Dímelo, dímelo”, “Vamos a Tocache” y “Lola”, videos que aparecieron en MTV.

“Yo me creía Robert Smith”, confesó 20 años después a la Rolling Stone. “Me duró hasta el 89, cuando volví a usar otros colores”, remató aquella vez.

MIKI A LOS 40’S
Con cuatro décadas de vida encima, el ingenio musical de Miki apenas si empezaba a florecer. El primer gran hito mediático lo llevó del ámbito sudamericano a todo el mundo, cantando “el ritmo negro del Perú”. Imposible no haber escuchado “Akundún”. Al artista le valió un contrato con la transnacional Polygram, aunque lamentablemente no duraría mucho.

Vestido con un poncho y la cabellera larga y ondulada, el músico llevó “A gozar sabroso” y “La pequeña” a varios rincones del orbe. La fórmula del éxito estaba clara, pero él no se iba a quedar disfrutando de la capa superficial de la clave. Hacer lo que le provocaba le estaba dando resultados; no había por qué parar. El gránde éxitos “Hatun exitokuna” nos devolvía “Chicle, cigarrillos, caramelos”, “Liberaron a Mandela” y otras.

Sus 40 años, la década de los noventa, se dividen para su música en dos etapas: la afroperuana y la vuelta al blues. Para ello, nada mejor que titular un álbum como lo que suena, “González Blues”. Aunque con este regreso al origen no logró mucha aceptación.

MIKI A LOS 50’S
Medio siglo y los cambios no cesan. Como un mago de nacimiento que en vez de conejos saca sonidos del sombrero, Miki reapareció tras un lapso de silencio musical con una propuesta fresca e innovadora bajo al brazo, “Café Inkaterra” (2004): chillout con sonidos andinos. ¿Quién se lo esperaba?

“Siempre tratando de hacer cosas novedosas, en el rock sentí que no había nada nuevo. Fue entonces que llegó a mis manos un disco de Fatboy Slim”, recuerda. La propuesta le agradó, y como quien no quiere la cosa, fue invitado a un show para tocar house, y poco a poco le fue añadiendo su estilo de fusión, el que dio paso a agradables temas como “Danza del Agua – Tusuy Puquio”.

La innovación le valió nuevamente el reconocimiento internacional y fue éxito en ventas. En Etno tronics : Apu Sessions se apostó más por el house y se incluyeron varios remixes, entre los que destaca una nueva versión de “Akundún”. Con “Hi Fi Stereo” va aún más allá y volvió a grabar canciones como “Lola”, “Tocache” y “Chicles” aunque ahora en electrónica.

MIKI POR LOS 60’S
A sus 58 años, el inagotable Miki González no ha dado por claudicada su constante búsqueda de nuevos experimentos. En 2009 estrenó “Landó por Bulerías”, otra propuesta original: la mezcla del flamenco y la música afroperuana, la unión del pueblo español con el peruano, una fusión de siglos llevada a un nuevo nivel. Una experiencia realmente asombrosa. Basta escuchar temas como “Hermosa” y “Cardo o cenizas”.

¿Cuál es el próximo cambio? Miki no lo sabe. La verdad es que no le importa saberlo. “El cambio es algo natural. Cuando el día empieza es una cosa, por la tarde otra, por la noche otra”, comenta, dando a entender que los giros en su carrera musical han sido producto del momento y no de algo anticipado.

No le preocupa porque asegura sentirse en el mejor momento de su carrera. “No tengo que pintarme el pelo, no tengo que aparentar ser joven para hacer dinero como los Rolling Stones”, explica. “Aunque no me molestaría ganar el 10% de lo que ganan ellos”, agrega entre risas. “En los jóvenes tengo llegada (por la electrónica) y al mismo tiempo puedo ser coherente con mi edad”.

Se me viene a la mente un fragmento del remix del acaso su tema más emblemático, “Akundún”. “Yo no les traigo sexo, no traigo la violencia. Quizás no es comercial, pero es paz con mi conciencia”, versa el tema.

Tras tantos años de carrera, su filosofía sigue siendo la misma. “Esa sensación de que venga un tipo y cante en flamenco unas coplas de marinera, sobre una base de marinera, y lo cante, es una magia, no tiene precio… para lo demás esta Mastercad”. Y Miki sonríe.

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