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Gisela Valcárcel, Amparo BrambillaTotalmente renovada y luciendo una nueva figura, la ex vedette se prepara para encarnar a “Tomasa” en Gamarra, miniserie que se estrena en noviembre.

Fue una de las vedettes más requeridas en las décadas de los 80” y 90”. Su 1,80 m. de estatura y su imponente figura jamás pasaban desapercibidas en los café teatros de ese entonces. Acosada y deseada por los hombres, envidiada por sus colegas de plumas y lentejuelas, Amparo Brambilla, tenía casi todo para ser feliz en la vida: el amor de una hija, dinero, belleza. Sin embargo, carecía del cariño de una pareja.

Veinte años después, la ahora actriz hace un mea culpa de sus errores de juventud. Lamenta haber despilfarrado su dinero y haberle dedicado más tiempo a su trabajo que a su hija. Confiesa además que, debido a las críticas de la prensa a su sobrepeso, se alejó de la TV y se sumió en una gran depresión, que solo logró superar con su retorno a los escenarios.

Más segura de sí misma y con la confianza y la experiencia que da los años, Amparo, tras su paso por “Al fondo hay sitio” como ‘Vanessa’, se alista para sorprender a su público con un nuevo rol, esta vez, en Gamarra, miniserie que Michelle Alexander estrenará en noviembre vía América TV. “Seré “Tomasa”, una comerciante de calzones que, como la gran mayoría, empezó desde abajo”, refiere.

Cuéntame un poco de tu personaje en “Gamarra”.
Es una mujer sufrida, a la que su pareja la dejó cuando supo que estaba embarazada. Vive desengaños, pero al final tiene la fuerza para salir adelante, supera barreras y logra sus metas.

¿Te identificas con tu personaje?
En algunas cosas, como que soy mamá soltera y crié sola a mi hija, que ahora tiene 29 años y ya me hizo abuela. También en que gracias a mi trabajo y esfuerzo logré salir adelante, claro que no soy millonaria o exitosa a nivel económico, pero tengo trabajo y puedo vivir tranquila.

¿Cuándo se estrena “Gamarra”?
La primera o segunda semana de noviembre estaremos al aire. Estoy segura de que tendrá éxito porque la historia es interesante y divertida. Michelle siempre busca que el público se vea reflejado con los personajes que presenta.

“Al fondo hay sitio” y tu personaje de “Vanessa” marcaron tu retorno a la pantalla chica, de la que te alejaste bastante tiempo.
Me alejé a nivel de programas cómicos, pero siempre he estado haciendo cosas, grabando novelas, miniseries… Mi personaje de “Vanessa” me dio la oportunidad de que la nueva generación pueda conocerme, los niños que me ven en la calle, no me dicen Amparo, me dicen “Vanessa”. Eso me divierte muchísimo.

Una vez dijiste que tu personaje de “Al fondo hay sitio” te hacía recordar tus tiempos como vedette. ¿Eres como “Vanessa”?
Soy todo lo contrario a ella, soy seria, media tímida; en cambio ella era un torbellino de mujer, hacía travesuras, era un personaje muy divertido.

LA MATERNIDAD MARCÓ SU VIDA
La maternidad llegó a tu vida cuando eras bastante joven (20 años). ¿Cómo asumiste ese rol?
No he sido buena mamá, trabajé demasiado, me ausentaba de mi casa bastante tiempo. Por ese tema siempre le he pedido perdón a mi hija, sobre todo porque no tenía papá, y encima, la mamá se iba de viaje porque trabajaba todo el día.

¿Cómo te iniciaste en el arte?
Como extra en los programas de Tulio Loza en Canal 4. Tuve la suerte de actuar con destacados actores como: Maricarmen Ureta, Hugo Salazar, entre otros, que me ayudaron un montón, luego hice café teatro, pero cosas chiquitas, después un par de obras con Adolfo Chuiman y Betina Onetto. Finalmente, en 1983 me llaman de “La gata caliente” para hacer musicales.

Fuiste una de las vedettes más requeridas del medio.
En realidad tuve la suerte de entrar en un buen momento. Analí fue la primera en ingresar, luego empezaron a venir las vedettes argentinas y nos hicieron la guerra. Gisela Valcárcel ingresó después. Fue la mejor época de café teatro, fue un lindo momento para mí.

¿Existió rivalidad entre Analí, Gisela y tú?
Cada una siempre tuvo su público, éramos distintas. Analí bailaba muy bien, era la más menudita, en cambio Gisela era la rubia, la blancona, no bailaba, pero su talento era su simpatía y carisma. En mi caso, era la grandota, mi talento era el canto más que el baile. Analí nunca se peleó con nadie, en cambio Gisela, posiblemente por su inseguridad, tenía sus cosas. Una vez nos iban a juntar en una revista, pero yo preferí dar un paso al costado, no me sentía bien trabajando a su lado. Pasó el tiempo y he ido a buscarla cuando estuvo enferma, también la llamé para felicitarla cuando sacó su programa.

¿Cuál es la satisfacción más grande que te ha dado el vedettismo?
El cariño y respeto del público. Siempre cuando estas en esto y te retiras, la gente se olvida de ti, en mi caso no pasó eso, gracias a Dios no se olvidaron de mí.

Actualmente, ¿hay vedettes en el Perú?
No. La última que se acercó más a lo que es una vedette fue Tula Rodríguez. La mayoría de chicas solo se preocupan en hacer escándalos para ganar portadas.

¿Recibiste propuestas indecentes?
Como la gran mayoría, y no solo a artistas les pasa. Lamentablemente hay hombres con escasas neuronas que piensan que todas las mujeres -que estamos en el ambiente- somos fáciles, pero se equivocan. Lo poco que tengo, que es un departamento, lo he ganado con sacrificio y el sudor de mi frente.

SU PROBLEMA CON EL SOBREPESO
¿Es verdad que tu problema de sobrepeso te alejó del vedettismo?
Me alejé del vedettismo en 1998 por decisión propia, porque sentí que había llegado el momento. Antes me había hecho una liposucción y quedé bien. Tres años después de que eso ocurrió, empezó mi problema de sobrepeso, fue por culpa de unas pastillas que tomé, la prensa empezó a criticarme. Viví momentos difíciles, fue ahí que decidí alejarme del medio. Eso de que soy una gordita feliz es una coraza que una se pone para no sufrir.

¿Qué fue lo más duro de esa etapa de tu vida?
Muchas cosas. La ropa no me quedaba, pues además era grandota. Que te sientas mal y encima que te maltraten era demasiado. Pensé que los periodistas me castigaban y no perdonaban que no me mantuviera como la Amparo de los 80”. Llegué a odiar el cuerpo que tuve en los 80”. Fue difícil.

¿Sufriste de anorexia o bulimia?
Nunca, no se me hubiera ocurrido jamás, creo que nadie ni nada vale la pena para llegar a ese extremo.

¿Cuánto fue lo máximo que llegaste a pesar?
Algo más de 120 kilos.

Actualmente luces bastante delgada. ¿Cómo lo conseguiste?
Hace cuatro años me diagnosticaron cálculos a la vesícula, me descuidé, y cuando fui a mi chequeo el médico me dijo que habían crecido enormemente y que había que operarme. La operación me obligó a hacer una dieta líquida, con solo calditos y jugos. Empecé a secarme poco a poco, perdí varios kilos de peso, desde entonces me cuido, no como grasas y llevo una vida sana. He bajado más de 40 kilos, los dolores de rodilla y de cabeza que tenía se fueron, ahora me siento mucho mejor.

¿Qué hacías cuando ya no estabas en la televisión?
Vendía joyas de plata, también ayudaba a una amiga que tiene un restaurante de comida dietética, hice un poco de márketing, organicé eventos, en realidad, de todo un poco.

SUS ROMANCES
De los amores que tuviste, el más promocionado fue el que te unió al actor Jesús Delavieux.
Fue una especie de Nataniel con Mario Hart, fue tan sonado y escandaloso, pero fue intrascendente. Duró apenas un mes. He tenido romances lindos y hermosos de muchos años que lamentablemente no llegaron a más, no he tenido mucha suerte en el nivel de amor. He conocido gente linda, y tengo bonitos recuerdos, pero lamentablemente no duraron.

Hace unas semanas tu nombre figuró en la lista de presuntas víctimas de un secuestrador. ¿Cómo asumiste esa noticia?
Jamás se me cruzó por la cabeza esa posibilidad. No tengo dinero, pero ahora, aunque tengas cinco soles en el bolsillo, te pueden matar. Tenían la dirección de mi casa y la copia de mi DNI, me asusté mucho.

¿Cómo ves tu vida dentro de algunos años?
Trabajando. Lo que quiero es seguir trabajando hasta que Dios me dé vida. Me arrepiento de haber sido inmadura o irresponsable de joven, por haber faltado a algunas funciones, o haber derrochado mucho dinero. Si hubiera sido un poquito más egoísta, si hubiese ahorrado un poco más, la historia sería otra.

 

Fuente: El Comercio

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