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Paul VegaEl actor interpreta la pasión de un mosquetero de larga nariz. La obra se estrena el 8 de octubre en la Plaza Isil. También comenta sobre su particiáción en Ella, el último filme de Francisco Lombardi.

Érase un hombre a una nariz pegado: Cyrano de Bergerac, hombre diestro con la espada y la palabra. Soldado, poeta, músico, astrónomo e inventor. Enamorado de su prima Roxane y obsesionado por volar hasta la luna. Uno de los espadachines más bravíos en combate, y menos dispuestos al lance amoroso a causa del complejo causado por su enorme nariz.

Durante las lecturas previas, y en las primeras semanas de ensayos, el actor Paul Vega no dejaba de pensar en la imagen del personaje escrito por Edmond Rostand en 1897. Qué había detrás de la larga nariz, los bigotes, el traje de mosquetero, el enorme sombrero y las plumas. Después de muchas vueltas, lo descubrió: para la gente de su época, para sus compañeros de armas, Cyrano es un hombre extraño, marginal. “Eso te da cierta libertad para caracterizarlo, no en base a su aspecto más duro y guerrero, sino a su lado tierno, más sensible, de poeta y soñador”, dice el actor, en una pausa del ensayo.

¿Cyrano es el personaje que mayor transformación exige?
Hay una transformación física, claro. El maquillaje previo, todo eso toma algún tiempo. Pero la transformación para este personaje no tiene que ver con el maquillaje. Es un trabajo interior, actoral: a pesar de lo grotesco de su nariz, resulta un personaje muy atractivo, aunque él se siente muy feo y muy solo, incapaz de asumir su físico.

El primer papel de tu carrera fue Hamlet, nada menos. Supongo que fue la mejor vacuna para no sentir nervios al interpretar personajes tan populares…
El primer problema es que todos tienen una imagen de Cyrano en la cabeza. La mayoría de personas conoce la historia o, por lo menos, sabe quién es el personaje. Por ello es difícil no ser complaciente con el público, es difícil hacer una lectura propia, como la que estamos haciendo con Chela de Ferrari [la directora]. Ambos coincidimos en alejarnos de lo que debería ser la obra, e interpretarla como nosotros la sentimos. Hamlet fue mi primer montaje profesional, y creo haber suplido mi falta de experiencia con mucha entrega e intensidad. Después de todos estos años de oficio, enfrento la actuación de otra manera. Sé qué debo o no debo hacer, y qué hacer para sentirme satisfecho, más que dejar a todo el público contento.

¿Qué rostro tiene tu Cyrano? ¿De cuáles referentes no podías escapar?
Tuve que hacer un gran esfuerzo para desprenderme de la película de Gérard Depardieu. Creo que esa es la imagen más fuerte que he tenido.

No hay que olvidar la versión que ofreció Chespirito…
(Ríe) ¡Quién no ha visto la versión de Chespirito! Es buena además. Lo interpretó Don Ramón.

Cyrano nos propone que a la mujer se la puede seducir solo con palabras. ¿Crees que ello es posible? ¿Más que el atractivo físico, las palabras pueden llamar la atención del sexo opuesto?
Totalmente. Y conozco ejemplos muy cercanos de eso. No se trata solo del ‘floro’, es la actitud con la que dices las palabras. Originalmente, la obra era en verso, y como actor tienes la tentación de que suene muy bien, con musicalidad. En este montaje, me olvidaba a veces de que el verso también tiene acción.

¿Puede ser un problema interpretar un texto especialmente hermoso?
La gran tentación que tienes como actor es olvidarte de que detrás de las frases bonitas, como en todo texto dramático, hay una acción. No se trata de hacerlo sonar bien, sino verdadero y convincente. Cyrano es un personaje muy consistente. Su verso florido no lo despinta, al contrario, le da más consistencia.

Cyrano, un mosquetero, con sus acciones pareciera decirnos que uno no es capaz de amar si no ha conocido antes la guerra y el sacrificio…
Hasta cierto punto, Cyrano disfruta ir a la guerra. Aunque suene contradictorio, para él ir a la guerra es un acto de amor. No porque disfrute de la violencia o la destrucción, sino por el hecho de ganar batallas. Para él, eso lo engrandece.

Tus mejores personajes son tímidos, retraídos, ausentes. ¿No corres el riesgo de repetirte al interpretarlos?
No sé. No es algo que yo escoja conscientemente. De lo que me he dado cuenta es de que todos son personajes marginales de alguna manera. No sé si eso tenga que ver conmigo, pero es verdad.

Hace un año y tres meses te convertiste en padre. ¿Eso no complica tu identificación por los personajes marginales?
No lo sé. Hasta ahora no me he cuestionado eso a partir de la relación que tengo con Lorenzo, mi hijo. ¿Cómo debería ser la imagen que él tenga de mí? Supongo que llegará un momento en que se me plantee ese conflicto. Curiosamente, lo que me pasa desde hace algún tiempo es lo contrario: tengo la sensación de ser menos tolerante y complaciente. Y no tengo ganas de dejar de serlo. La paternidad no es algo que me haya hecho abrirme o cambiar.

Generalmente, los padres nuevos tendemos a ser más conservadores y monotemáticos…
Sí, de eso soy muy consciente. Odio a la gente monotemática que tiene hijos y no puede conversar de otra cosa. Me pasa con amigos cercanos. Con mi esposa conversamos de eso y no queremos ser esa clase de padres. La paternidad ocupa toda nuestra energía, pero también queremos un momento para nosotros.

MÁS INFORMACIÓN
Lugar: Teatro La Plaza ISIL, Larcomar, Miraflores. estreno: 8 de octubre. temporada: De jueves a martes, 8:00 p.m. Domingos 7:00 p.m. Hasta el 18 de diciembre.

HABLANDO DE “ELLA”
Una reflexión sobre el amor y la creación artística
Protagonizada por Paul Vega, Patricia Garza y Rómulo Assereto, “Ella”, el más reciente filme de Francisco Lombardi, es una película pequeña, intimista y minimalista.

Para Vega, la cinta no es solo una aproximación a los amores obsesivos, sino más bien un thriller que reflexiona sobre el proceso de creación artística. “El punto de partida de la película no fue tanto la imagen de un pintor encerrado y obsesivo sino, más bien, una reflexión sobre qué nos motiva a crear arte, o dejar de hacerlo”, explica. Otro de los aspectos que el actor encontró interesante en el trabajo con Lombardi fue el extraño vínculo entre su personaje y luna, su pareja, interpretada por patricia garza. “Es una relación rara, de dependencia, entre el pintor y la chica. Él es mucho mayor que ella. Prácticamente, la ha recogido cuando luna abandona el colegio. Creo que la película nos habla más de la relación de ambos, que del retrato de un pintor obsesionado o encerrado en sí mismo”.

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