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Jamiroquai y la noche más ardiente del verano

Posted by JKL On February - 21 - 2013 ADD COMMENTS

ConciertoBanda inglesa encabezó el festival “Color Night Lights”, que también trajo a nuestra ciudad a Los amigos invisibles y los Illya Kuryaki and the Valderramas.

Estaban todos atentos. Fumando un cigarrillo. Tomando agua. Conversando con los amigos. Y también vestidos con penachos artesanales que saludaban al escenario como un homenaje al ‘the funk soul brother’. Juventud a plenitud lista para saldar una cuenta con los ingleses. Aquellos que solo veíamos por MTV, se erigieron en el escenario. Pero para este momento aún falta mucho: vamos por el principio.

MI AMIGO INVISIBLE
A la hora pactada, aparecieron un grupo de venezolanos afincados en Estados Unidos. Los mismos venezolanos que fueron descubiertos de casualidad por el ex Talking Heads David Byrne, y que luego se convertirían en una de las estrellas del sello Luaka Bop. Los Amigos Invisibles se hicieron visibles con su sonido latin funk que matizaba muy bien con el ritmo de la banda. Los liderados por el cantante “Chulius” desplegaron sus casi dos décadas de oficio sobre la tarima con temas como “Sexy”, “Mentiras”, “Amor” o “En cuatro”. El público agradeció la entrega con los primeros movimientos on the dancefloor. La energía de esta banda, además de los homenajes a David Bowie, Technotronic e incluso el garagero Dick Dale & His Del-tones, fueron motivo suficiente para el entusiasmo. Y aún venía más.

GRACIAS HERMANOS
Minutos después de la despedida de los venezolanos, saltaron al escenario como tigres asiáticos los nacidos en el puerto de Santa María del Buen Aire. Hacía mucho tiempo que Perú los esperaba, su última aparición fue registrada el año 2001 en el Centro de Convenciones María Angola. Algunos meses después los veríamos separarse. El año pasado, Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur, decidieron aplicar la segunda dosis de su potente combo musical y volvieron a la vida con su nuevo disco “Chances” y un videoclip en el que desfilaba desde Andrés Calamaro hasta la Tigresa del Oriente.

Finalmente, Illya Kuriaki and The Valderramas apareció en escena y asestó al público una patada voladora: “Chaco” fue la primera descarga que las cerca de 8 mil personas en el Estadio Nacional no dejaron de bailar. Vestidos con trajes de cuero negro y aplicaciones doradas sobre sus ropas, Spinetta y Horvilleur se deslizaban por el escenario como híbridos de funky dancer y luchadores de artes marciales. “Ula Ula”, “Jaguar House”, “Funky Futurista” y “Jugo”. Los argentinos ejercían su poder sobre el movimiento, su mezcla de disco, hip hop, funk, rock y latin sound, habían encendido la pista de baile del Estadio Nacional.

“Gracias hermanos”, se le escuchó decir a Dante, el hijo querido del enorme “Flaco” Spinetta, uno de los músicos más trascendentes de la música moderna, quien lamentablemente nos dejara el año pasado. Pero los Illya Kuriaki vinieron a bailar y de eso se encargaron. “Expedición al Klama Hama”, “Latin Geisha”, “Jennifer”, “Coolo” y la enérgica “Remisero” fueron el soundtrack de la fiesta que se vivía en el Estadio. La estética retro, la actitud festiva, la eficiencia musical fueron las razones para que Illya Kuriaki elevara los niveles de endorfinas entre la gente y asestara el golpe mortal con “Abarajame”. Lima fue un furor. Y aún venía más.

CORAZÓN Y MOVIMIENTO
Poco antes de la medianoche, con el cuerpo agitado y la frente húmeda, la juventud presente, y también algunos adultos (testigos de parte de la época dorada de la música disco), aguardaban la aparición del ‘Funk soul brother’. Las luces se apagaron, los gritos en estallido, los músicos listos y el cantante aerodinámico se acercó al escenario casi levitando. Jason Cheetham Kay, o simplemente Jay Kay, saludó al público limeño con los compases de “Twenty Zero One”, track del álbum A Funk Odyssey editado el mismo año como un homenaje al director de cine Stanley Kubrick. La noche nublada aún no decaía.

Con una ligera transición, Jamiroquai elevó la frecuencia cardíaca con “Alright”, el funky destilado que ratificaba la categoría los socios de Jay Kay, ejecutando con maestría las bases rítmicas que nacieron del soul, el jazz y el rithym and blues. Vestido con un traje tradicional de los indígenas Iroqué, bajo un sombrero verde de ala corta, aquel muchacho que a los 13 años descubrió en Tailandia la riqueza que esconden los ritmos originales, lanzó hacia el público las letras de “Use the force”, “High Times”, “Little L” y la siempre bailable “Canned Heat”, ejecutada con una instrumentación exquisita.

La voz, el corazón y sus movimientos. Ese era Jay Kay saldando una cuenta generacional que muchos esperaban desde hace más de una década. Para “Runaway”, el hijo predilecto del funk inglés salió al escenario con una casaca de la selección peruana de fútbol, la misma con la que aparecía en el video de la canción Seven Days in Sunny June. El funk soul brother se divertía. “Space Cowboy”, “Main Vein”, “Revolution” y “Cosmic Girl” viajaron por el aire para poseer los sentidos de los asistentes. Delirios crónicos de un público entregado al baile y un cantante que no solo había rescatado el mejor sonido de bandas como Parliament, The Meters, Isley Brothers y el mismo James Brown, sino que además coordinaba cada detalle de la banda, haciendo señas a la mesa de audio para ecualizar bien el sonido de su voz o algún instrumento que no estuviera adecuadamente encuadrado.

Después de “Travelling Without Moving” llegó tal vez el momento más emotivo de la noche: con el suave acompañamiento del guitarrista Rob Harris y las palmas del público, Jay Kay cantó, mejor digo, susurró, la letra de “Love Foolosophy” hasta que el combo incendió la noche con la versión original. El espíritu de la música disco, del acid jazz, del funk bien ejecutado y de la alegría corporal que prodiga esta mixtura, se expandió por todo el Estadio Nacional, con sendos jammins de la impecable orquesta y coros que acompañan a Jay Kay. “Depper Underground” y “White Knuckel Ride” fueron los últimos fulgores de la estupenda presentación de Jamiroquai en nuestra ciudad. “¡Muchas gracias Lima!” se oyó desde el escenario poco después de que Jay Kay recorriera de lado a lado la tarima para saludar, mejor digo, agradecer, al público por su vitalidad. Antes de partir, the funk soul brother se colocó un sombrero que emulaba a un búfalo, regalo de uno de los fans que vio entre las primeras filas: cierre emotivo que resumía la entrega de este talentoso artista ante un mar de danzantes que hicieron suyo el sonido fabricado en Estados Unidos. Tampoco es tan gratuito, solo recordemos que la primera banda de funk latinoamericano fue peruana, Black Sugar, quienes editaron su primer álbum en 1971 con el sello Sonoradio.

Por otro lado, si bien musicalmente el concierto fue correcto, hay que mencionar el pésimo criterio de los organizadores para colocar solo diez baños para hombres y mujeres provocando inmensas filas de gente que tuvo que esperar más de media hora para hacer uso del servicio, además de agotar la venta de cervezas en pocas horas generando malestar entre el público.

Así se vivió esta fiebre de miércoles por la noche. Noche neblinosa pero ardiente, cuando el Estadio Nacional se convirtió en una pista de baile.

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Fuente: El Comercio

Conciertos en Lima, Música, Conciertos 2012, Crónicas de conciertos, Joan Manuel Serrat, Joaquín SabinaEntre arremetidas, muestras de cariño, mucho desenfreno y una buena dosis de masoquismo, los españoles brindaron un concierto inolvidable

Dos pájaros españoles que sobrevuelan desde hace décadas el firmamento estelar. Un solo recital. Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat volvieron juntos a nuestra ciudad para contraatacar, disparando contra los nostálgicos, los enamorados, los solitarios, los rebeldes. Salieron desprejuiciados como siempre, salieron como de costumbre, a matar. Aquí el resumen de un show repleto de luces y sombras, dimes y diretes, sarcasmo a la yugular y compañerismo a la vena.

Un Jockey Club parcialmente lleno. La gente sentada empieza a clamar por ellos. Se prenden las luces del escenario. De pronto dos pajarracos aparecen en pantalla, las lúdicas representaciones de los hombres que están por llegar. Lima se ríe a carcajadas con sus ocurrencias. Grita esperando a los ídolos de las calles vacías, las mil mentiras, las estaciones de tren y los nombres que saben a hierba. Aparecen por fin, ataviados de negro, con sombreros redondos. Lima ovaciona, ellos agradecen.

Lo que llega primero es una pieza compuesta por una canción de Sabina y otra de Serrat: “Ocupen su localidad” y “Hoy puede ser un gran día”. Lima aplaude. Ellos empiezan con la irreverente cháchara. “¿Qué opinas de la Haya?”, pregunta Joan Manuel tras mandarle algunos embates a su compañero de lidia. “Depende de si estoy en Santiago de Chile o en Lima”, dice Sabina, un hombre siempre desfachatado que hoy funge de diplomático. Lima ríe.

“Algo personal”, aterriza después. Luego empiezan los acordes de una bomba emocional creada por Sabina. “De sobra sabes que eres la primera, que no miento si juro que daría por ti la vida entera”, comienza a cantar Serrat, para luego dar paso a su compañero andaluz.

Un barco aparece en pantalla, el más célebre trasatlántico. “La orquesta del Titanic” entonan luego los cantautores. La pantalla nos sitúa en la escalera que Leonardo DiCaprio hizo popular. Luego Sabina se queda en el escenario y empieza a contar la historia de cómo, según él, conoció a Serrat.

Londres hace 40 años. “Yo era una rata de alcantarilla. Mientras Joan Manuel estaba entre dos cosas: Vargas Llosa y Natalia Málaga. Yo, entre Melcochita y el marido de Susy Díaz”, afirma el andaluz, provocando una vez más una carcajada general. Continúa hablando. Luego un ruido seco estalla en nuestros oídos. El audio se pierde. El músico gesticula. Luego se retira. “Estas cosas pasan hasta en las mejores familias, que no es nuestro caso”, afirma divertido al regresar.

DE LIMA Y OTROS DEMONIOS
Luego Sabina nos mira de frente. “Esta canción sirvió para que mi cholita (Jimena Coronado, su pareja) se viniera a vivir conmigo a Madrid”, indica el hombre de la voz “de lija”, quien además le dedica el tema a sus amigos peruanos, Alfredo Bryce Echenique incluído. “Rosa de Lima” llega como una oda para la ciudad. El coctel molotov para el alma no ha terminado. “19 días y 500 noches” canta ahora el español. Lima lo hace con él.

Serrat sale después, solo esta vez. Se siente cercano, sensible. Con su “voz de terciopelo”, según califica Sabina, entona un tema de su compañero: “Eclipse de mar”.

Luego se juntan de nuevo. Sabina de blanco. Serrat de negro. Hablan divertidos, hasta que llega uno de los homenajes más sentidos de la noche, el que le rindió el andaluz a la fallecida Chavela Vargas, a quien se dirigió cantando el tema que ambos entonaran: “Por el boulevard de los sueños rotos”. Tras terminar, el hoy caballero se saca el sombrero y mira al cielo. La recuerda.

Temas como “Princesa” llegarían después. Luego, Serrat entona “La Magdalena” de Sabina y este luego regala una interpretación de uno de los himnos de su compinche: “Tu nombre me sabe a hierba”. Ambos se van una vez más.

EL FINAL
Regresan ataviados con chalecos. El andaluz lleva un parche en el ojo. Pícaro entona junto al catalán una canción que suena a libertad, un tema para soñar: “La del pirata cojo”, interpretación que finaliza con un divertido Joan Manuel haciendo malabares con unas pelotas amarillas.

Se sientan frente a una mesa. Alzan dos copas. Brindan por ellos, por Lima, por estar juntos. Inician una extensa charla. Se atacan divertidos y se ríen cómplices. La cereza de este errático pastel llega con canciones como “Estos locos bajitos”, “Hoy por ti, mañana por mí”, “Más de cien mentiras”, la cual termina con ambos cantando una frase que sabe a gloria: “Sin el Perú, sin Lima, nada sería posible”. Sabina coge la mejilla de su secuaz, afectuoso, lo abraza.

Luego viene la canción del masoquismo, esa con la que tantas veces me maltraté psicológicamente, esa que alguna vez me cantaron porque sí, pero que quise que me dedicaran de verdad; “Contigo”, tema que cantan a dúo y en la que Sabina dedica una estrofa a Barranco (… “ni Barranco sin ti”) y a una “cholita de ojos tristes”. El clímax se extiende con “Cantares”, “Aquellas pequeñas cosas” y “Y nos dieron las diez”. Luego presentan a su banda y después se van para luego volver.

“Gracias Lima. Gracias Perú como siempre”, vocifera Sabina. Cantan “Que se llama soledad” y “Fiesta” para terminar. Se van abrazados. Lima aplaude de pie. El ataque ha terminado, la bomba molotov de emociones, de terrenales devaneos, la balacera de desencuentros que emitió un dúo de cómplices que, a pesar de los golpes, parece indivisible. Eterno.

 

Fuente: El Comercio

Música, Crónicas de conciertos, Norah Jones, Jesse HarrisCantante neoyorquina ofreció uno de los mejores shows del año ante poco más de tres mil personas en el Centro de Convenciones María Angola

La luz cenital toma matices púrpura y se posa sobre el piano de Norah Jones. Ella sale de la penumbra, se sienta acomodando el vestido de verano que lleva puesto y golpea el teclado que tiene la forma de una de esas vetustas máquinas de tejer. Se entrelazan los acordes uno a uno. Painter Song, así sin banda que la acompañe, la hace sonar como perdida en el tiempo, un eco vintage de Bessie Smith con la cadencia de Fatha Hines. Norah Jones deja a todos calladitos. Por primera vez el público limeño, siempre tan esquivo y distraído, está atento a lo que pasa en el escenario; sin fanatismos impuestos por las modas, la gente vino a oír.

A eso de las 4 p.m. del día sábado Norah había llegado a Lima envuelta en una extraña discreción. Sin alharaca de por medio en el aeropuerto, se fue directo a su hotel en Miraflores y no se dejó ver hasta las 9 de la noche del domingo. Apenas y dijo “hola”, sonrío con timidez y dirigió una rápida mirada a las primeras filas dispuestas en el auditorio del María Angola. Empezó con “Cold, Cold, Heart”, su versión jazz del clásico country de Hank Williams. Luego “Out on the Road”, la primera de la noche del “Little Broken Hearts”, el disco que la trajo hasta acá; y What Am I To You?.

Entre canción y canción, Norah fue del piano, al Wurlitzer, de la guitarra eléctrica a la acústica y, cuando lo creía conveniente, lanzaba un “Thank You” y “Muchas gracias” con acento marcado. Su banda -integrada por Jason Roberts, Pete Remm, Josh Lattanzi y Greg Wiz – la ayudó a crear atmósferas de lo más variadas a lo largo del show: melodías traviesas en “Say Goodbye” y “Happy Pills” como oscuridad y melancolía en “Take it Back” y “Miriam”.

Norah Jones no dio los típicos discursos en el escenario –apenas y bromeó imitando a alguien que le gritó “te amo” por allí y dijo, casi de la nada, que le “encantó el cebiche”- pero se comunicó de maravillas con su música.

A eso de las 10:23 se despidió diciendo “buenas noches” y desapareció dejando a los presentes con ganas de más. Regresó a los minutos con guitarra en mano y con una banda muy acústica: acordeón, tambor y baquetas brushes. Sunrise y Come Away With Me fueron el epílogo de uno de los últimos conciertos del año, un show que, aunque pequeño y reservado, cumplió con ser lo que un concierto debe ser.

SETLIST
1. Cold Cold Heart
2. Out on the Road
3. What Am I to You?
4. All a Dream
5. Say Goodbye
6. Take It Back
7. After the Fall
8. Chasing Pirates
9. Rosie’s Lullaby
10. Creepin” In
11. It Must Have Been the Roses
12. Painter Song
13. Don’t Know Why
14. Sinkin” Soon
15. Miriam
16. Happy Pills
17. Stuck
18. Long Way Home

ENCORE
19. Sunrise
20. Come Away With Me

 

Fuente: El Comercio

Música, Crónicas de conciertos, Marc Anthony, Gian Marco Zignago, Gian Marco, ChayanneCantantes interpretaron sus temas más populares en un abarrotado Estadio Nacional

Fue una noche donde todos bailaron durante las cuatro horas de show. Los tres gigantes anunciados para el espectáculo literalmente deleitaron al público con su música e hicieron una extraordinaria velada que más de uno de los asistentes querrá repetir.

El concierto empezó nueve en punto de la noche, momento en que Gianmarco apareció ante el público entonando Cuéntame, de su álbum Días nuevos. Continuó con ‘Amores imperfectos’, Hasta que vuelvas conmigo, Hoy, entre otros temas de sus más recientes producciones.

Pero el ganador del Grammy no dejaría el escenario sin hacer bailar bien a los asistentes que abarrotaban las tribunas y el gramado del Estadio Nacional. Ahí fue cuando reemplazó la guitarra por el charango deleitándonos con su habilidad al interpretar la canción Lejos de ti.

Durante la presentación se pudo apreciar algunos problemas de organización. Había gente que extrañamente apreciaba el show de pie en una zona donde solo había sillas (super VIP), ante la indignación de las personas que se encontraban sentadas. Ello generó discusiones, dejando un mal sabor de boca a más de un asistente, más aún ante la displicencia de los miembro de la seguridad encargada del concierto.

A las 10 de la noche, entre aplausos, Gianmarco dejó el escenario pese a la persistencia del público porque se quede. Al final de su presentación, el cantante nacional no pudo despedirse de su público debido a una falla con los micrófonos.

TIEMPO DE CHAYANNE
Veinte minutos después hizo su aparición el cantante y bailarín boricua Chayanne, quien en medio de un grupo de bailarines, abrió su espectáculo como el público lo esperaba, con música pegajosa y llena de energía: Boom, boom y Baila, baila, desataron la histeria de las féminas que aumentaba con cada movimiento del portorriqueño que lució una ropa negra muy ceñida al cuerpo.

Las revoluciones del show bajaron cuando, seguido de ello, interpretó Lo dejaría todo. Los asistentes agitaban los celulares de un lado a otro, llenando de romanticismo el recinto deportivo. El momento romántico continuó cuando cantó En el centro de mi corazón, tema que fue coreado a todo pulmón por el público.

Lola, Y tú te vas, Un siglo sin ti, Tu boca y Si nos quedara poco tiempo, Salomé, fueron los temas que siguieron a la presentación del boricua que bailó y encantó a las féminas presentes, demostrando su vigencia sobre todo en el baile.

Chayanne cerró su presentación como la empezó: Bailando con Torero, seguido de Provócame, con lo cual se despidió en medio del grito de la fanaticada. Eran las 11:17 p.m.

MARC ANTHONY
Las luces se apagaron a la espera del tercer y último gigante de la noche, que veinte minutos después hizo su aparición en el escenario y en medio de los aplausos de las cerca de 50 mil personas que se dieron cita en el Estadio Nacional.

Marc Anthony arrancó su presentación con Valió la pena: “Mirándote a los ojos se responden mis por qué/me inspiro en tus palabras y mi casa está en tu piel/qué tierno amor, mi devoción, viniste a ser mi religión, mi dulce sentimiento… de nada me arrepiento/que vivan los momentos en tu boca y en tu cuerpo mujer….”

Marc confirmaba su gran calidad de cantante y showman, corriendo de extremo a otro del escenario, bailando, dirigiendo a su orquesta, interactuando con el público. Realmente un gigante de la música latina. Hasta ayer y Contra la corriente también hicieron bailar y cantar al respetable. Cerca de las 12:15 de la noche, Marc sorprendió al público presente haciendo un cover de la recordada canción del español José Luis Perales: Y cómo es él.

Luego le siguió ‘Vivir lo nuestro’, que interpretara a dúo con La India en los 90 y que se convertiría en uno de los temas que lo hiciera conocido en nuestro país. Pero el momento cumbre de la presentación del cantante de ascendencia puertorriqueña fue al interpretar a dúo con Chayanne ‘No hay nadie como ella’.

Los cantantes bailaron, se dieron vueltas moviendo las caderas, se abrazaron, rieron y lo mejor: hicieron gozar al público presente. Luego, Chayanne dejó el escenario y Marc continuó deleitando a los asistentes con sus conocidos temas: ‘Te conozco bien’, ‘Mi gente’ (en homenaje a Héctor Lavoe) y ‘Tu amor me hace bien’.

Inmediatamente después Chayanne reapareció para hacer nuevamente un dueto con Marc Anthony, generando la sorpresa del público que emocionado retribuía su agradecimiento con aplausos. En esta segunda oportunidad sobre la tarima, interpretarían: ‘Dímelo’ (de Marc) y ‘Fiesta en América’ (de Chayanne).

Lo que sorprendió a los colegas de la prensa y al público en general es que el show solo haya sido cerrado por Marc Anthony y Chayanne, más no por Gianmarco, anunciado anticipadamente como uno de los tres gigantes a presentarse en el show. Sin embargo, minutos después, nuestro connacional se encargaría de aclarar el tema mediante su cuenta de Facebook.

“A mí solo me invitaron para abrir el concierto, cosa que no me molesta. Al contrario, siempre es un placer estar frente a ustedes, sea donde sea, en un estadio o en un bar de Barranco. Humildad ante todo y corazón. Un abrazo fuerte para cada uno de los que estuvo en el concierto gozando! Y seguimos adelante!”, comentó. Así terminó una noche perfecta.

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Fuente: El Comercio

Música, Conciertos 2012, Crónicas de conciertos, Maricielo Effio, Juan Gabriel, Zofía Buitrón, Rocío DurcalCantante mexicano se presentó ante más de veinte mil personas en un concierto que incluyó más de un homenaje a su segunda patria, el Perú

 Juan Gabriel deja el micrófono sobre el parante para que el público pueda ver sus manos. Dice que estás son más expresivas que las frases hechas, más duras que mil insultos y más potentes que su propia voz. Está cantando “Inocente pobre amigo”, una de esas canciones que lo muestran tan prolífico y diestro en las rancheras como José Alfredo Jiménez, y empieza el más divertido ejercicio de improvisación de la noche: pide a la gente que le sugiera insultos para ese “desgraciado” que le robó a su amor. El concierto llega a su momento cumbre y no descenderá hasta el último de los temas.

A las nueve en punto de la noche, el Divo de Juárez había aparecido sobre el escenario vestido con el más llamativo de sus trajes: un sastre verde fosforescente con forros de rojo intenso y unos zapatos blancos. Lo acompañaban más de cuarenta músicos, también de impoluto blanco, y un grupo de bailarines peruanos, muchos de ellos rostros conocidos por su paso por programas de televisión como “El gran show”.

El mexicano había decidido empezar el espectáculo con una larga selección de canciones no muy conocidas por estos lares, todas ellas interpretadas con toques de big band y matizadas por las coreografías, que incluyeron la presencia ya anunciada de Maricielo Effio como la coqueta “María José”.

El concierto, podríamos decir, se dividió en tres partes con un pequeño entreacto. El primero de ellos el ya mencionado espacio de las canciones no tan conocidas, pero muy animadas como para ir calentando la noche. Luego, las rancheras, seguidas por el homenaje al Perú con números de marinera, valses criollos y música negra (aquí entró Zofía Buitrón, la famosa Eva Ayllón de Yo soy). Y, finalmente, el tándem de grandes hits.

Aunque la voz de Juan Gabriel ha perdido ciertos matices con el tiempo y el sonido (se debió cambiar de micrófono una vez) no ayudó en algunos momentos, el cantante hizo gala de genialidad interpretativa, jugando con el micrófono para demostrar potencia, pavonéandose por el escenario con sus clásicos y bizarros pasos de baile y remozando sus canciones emblema con arreglos maravillosos: un “Yo no nací para amar” acompasado o un “Amor eterno” downtempo.

Juan Gabriel no visitaba el Perú desde hace nueve años y sus esfuerzos por recompensarlo se notaban y eran sinceros.

“Los conozco un poquito más y mucho antes del “boom” que ahora están viviendo. La primera vez que vine estaban viviendo tiempos de cambio y ahora viven tiempos mejores. Se lo merecen. Les deseo mucho paz”, dijo el cantante en una de sus interlocuciones con abanico en mano.

El show llegaría a su fin casi cuatro horas después y ya empezada la madrugada del domingo con el “Noa Noa”. Juan Gabriel se despidió entre aplausos y con la promesa de volver, pero esta vez sin dejar que pase tanto tiempo.

SETLIST
1. No tengo dinero
2. No se ha dado cuenta
3. Mi fracaso
4. Buenos días, señor sol
5. Fue un placer conocerte
6. Cuando quieras dejame
7. Adiós, amor
8. Canta, canta
9. María José
10. Siempre en mi mente
11. Con tu amor
12. Hazlo por mi corazón
13. He venido a pedirte perdón
14. El principio
15. Te voy a olvidar
16. Se me olvidó otra vez
17. Tu abandono
18. Inocente pobre amigo
19. Estoy enamorado
20. ¿Por qué me haces llorar?
21. Así fue
22. Perú
23. Yo no nací para amar
24. Déjame vivir
25. La indiferencia
26. Insencible
27. Amor eterno
28. Tú a mí no me hundes
29. Querida
30. Me nace del corazón
30. Frente a frente
31. No vale la pena
32. Caray
33. Costumbres
34. Hasta que te conocí
35. Noa Noa

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[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=lFpZXGfNhvo[/youtube]

Fuente: El Comercio

Conciertos, Conciertos en Lima, Música, Crónicas de conciertos, Juanes, Chabuca Granda, Bob Marleym Joe ArroyoCantante colombiano se presentó ante cerca de 20 mil personas en el Estadio San Marcos y rindió tributo a la cantante peruana, Joe Arroyo y Bob Marley

El arranque ya había puesto a todos a saltar. Luego de siete años, el cantautor colombiano Juanes había regresado a Lima y 20 mil personas lo miraban, escuchaban, emulaban, en el estadio de San Marcos. La gran convocatoria era de esperarse tratándose de uno de los representantes más populares del pop latino de estos últimos doce años, desde que debutara en las radios con su recordada Fíjate bien, precisamente la canción con la que abrió fuegos alrededor de las 9:30 de la noche.

“Hola, ¿cómo estás, Lima” fue el grito con el que Juanes saludó a todos los presentes. Ya se había oído otro de sus hits, La paga, aquel del video con el ratón despechado; una versión de la pegajosa Could You be Loved de Bob Marley y también La Camisa Negra, otra de esas canciones que te hacen difícil pensar que durante años esta estrella de los charts tentara el éxito a través del heavy metal, escena de la cual sigue siendo un entusiasta como ocasionalmente lo confiesa.

“Es increíble que ya hayan pasado siete años desde la última vez, debemos de hacer algo para que este encuentro sea más seguido”, continuó el protagonista de la noche, momentos en los que comenzaba a escucharse también a un grupo de compatriotas suyos que no dejaría de reclamarle un saludo al colegio Jorge Robledo de Medellín, donde se dice que se lo veía practicando sus primeros acordes de guitarra en los recreos.

Siguió entonces una segunda parte del concierto que contrastaba temas sentimentales como Hoy me voy con interpretaciones realmente endiabladas como sus homenajes a Joe Arroyo interpretando sus clásicas La Rebelión y La Noche.

Yerbatero y Es por ti anunciaban que se acercaba el encore. La despedida momentánea acabó con Juanes haciendo interpretaciones acústicas que culminaron en una versión inesperada de “La Flor de la Canela”, el clásico de Chabuca Granda.

Ya para cuando llegó el clímax con A Dios le Pido, acaso el himno de toda su carrera, su público se podía dar por bien pagado: fue un reencuentro y a la vez resumen de una trayectoria marcada por el éxito, la vocación por divertir y por encontrar esa alquimia entre lo radial y la identidad regional. Con cuestionamientos de por medio o no, al verlo en vivo se puede decir que, a su manera, lo ha conseguido.

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Fuente: El Comercio

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